viernes, 22 de diciembre de 2017
Temblor.
Le di un beso. Con toda la esperanza de sentir el beso como carne propia. Mientras mi boca se trenzaba con la de él y la intensidad de su presión en mi brazo aumentaba, yo recordaba. Recordaba un vestido azul que había usado de niña y ya no existía, las mariposas haciendo círculos en la tierra, el aire cuando todo se prendió fuego, el ruido de mi ventilador, el dolor de los zapatos nuevos, la cloaca corriendo por el barrio, el dolor de rodilla cuando me caí de la bici y me corté, la gente del ascensor siempre seria, el olor feo del tallo de las margaritas cuando se cortan, quemarse los dedos con vela derretida, el sabor del helado de limón...recordé. Cuando termino el beso, abrí los ojos. Estoy mareado dijo él, se me movió todo el piso, me diste vertigo. Sonrió. Yo. Yo cerré los ojos despacio. Los abrí lentos, entre mis pestañas, enfrente mío, la televisión contaba de un temblor muy lejos. En otro pais, en otro planeta. No tuve corazón para decirle que eso había sido.
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