Justo hoy que después de tanto tiempoRiver le acaba de ganar a Boca
y que debería estar bebiendo champagne
y mirando Futbol de Primera,
sólo a mí se me ocurre ponerme a pensar
en el fenómeno de la globalización,
los tiempos recesivos
y sus irreversibles efectos en la cama.
También quiero que sepas
que celebro nuestro reencuentro
y que si el dólar sigue uno a uno tal vez podamos ser felices
y dejarnos de tantas vueltas.
No entiendo bien porqué
pero cuando todo esté más claro
y hayamos enterrado cuerpos lágrimas juguetes,
sin duda podremos escuchar gozar
este blues con la marca en el orillo,
este hielo en la diástole,
esta calma arqueológica.
No sé de qué carajo se ríen en la mesa de al lado,
¿será porque tal vez
me faltan algunos dedos?,
¿un poco de orden en mi piel?,
¿tu luna en piscis?,
¿la sensación de un país con pasado agricologanadero
que alguna vez tuvo gente sonrisas manos
bajándose de los tornos,
los colectivos?
No tengo duda, cariño.
Esta city no es la octava maravilla del mundo,
tampoco son los ojos de Jackeline Bisset
ni la pierna izquierda de Diego Armando Maradona.
Mucho menos el frenesí del alba.
Pero aunque hoy sea una noche
de pancartas para fuera
y procesiones por dentro
quiero que sepas que
todavía me animo a protagonizar algunos hechos.
Por ejemplo,
a darme cuenta que ya son las doce,
que llegás tarde como siempre,
que esperás besos, gorriones y el amor que aún no te dí.
Ya lo tengo decidido.
Pago el café y me voy con vos.



