jueves, 8 de junio de 2017

Ironia.

Desde hace unas semanas sufro de insomnio. 
He tratado de combatirlo de todas las maneras posibles, quizás por no apegarme a las recetas en forma estricta no he obtenido resultados. 
Trate de contar ovejas, pero me dan asco, el olor del pelaje, la cara de ahorcadas, el balido ruidoso, la carne muerta, el servilismo que profesan, Hanibal, el silencio de los inocentes y la pobre Clarisse. 
Cambie las ovejas por gatos, pero insisten los miserables en buscar los ovillos de lana que dejaron sus predecesoras y se escapan de las nubes de mis sueños. 
Trate con leche tibia pero como no gusta, lo cambie por leche chocolatada, que lo único que provoca con su exitoina es despertarme más de lo que quiero,provocarme nauseas con la pesadez que trae el chocolate y el azúcar. 
Probé acunarme en los brazos de Morfeo, que además de roncar como loco, habla de noche, probé frotarme en su cuerpo, toser, mover la cama, pero nada resulto para este dios del sueño, mas que darse vuelta y seguir durmiendo. 
Me quedo entonces boca arriba, tapada hasta la pera, contando nada, dando vueltas, sacando un brazo fuera de la cama a riesgo de que un monstruo me lo devore, mirando el techo, la sombra de la oscuridad, imaginando estrellas...empiezo a soñar, no quiero pensar porque me despierto más, poco a poco, lento, viene el sueño, casi lo acerco, lo toco...justo a la  hora de despertar.

No hay comentarios.:

  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.