sábado, 9 de mayo de 2020

Cuándo el interés es mutuo, nadie pierde tiempo en querer disimularlo.
A quién te quiere, se le nota.
Se le sale de las manos. Se le ve en la mirada. Tiene un gesto. Un acto. Un algo que se le impone y necesita demostrarlo.
No hay distancia. Vacaciones. Complicaciones. Falta de tiempo. Cansancio.
Ni mañana.
Con el desinterés pasa lo mismo.
Cuando a alguien no le importás, se le nota.
Por supuesto que se le nota.
No hay desengaño.
No hay desilusión.
No hay futuro frustrado.
Hay señales que uno se traga, porque no quiere ver.
Ver, a veces, atenta contra la esperanza.
Y cuando lo único que se tiene es esa carta, no cualquiera la apuesta.
Apostar lleva de gancho, la renuncia a una espera develada como inútil.
No es fácil irse queriendo.
No es fácil asumirse no querido.
Entonces uno cree lo que no existe.
¿Inventa ? No. Se lo cree.
Dicen, que no existe nadie más vulnerable a creerse algo falso, que aquél que necesita que esa mentira, sea cierta...


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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.