domingo, 8 de agosto de 2021

¿Recordás cuando todo quemaba?

Yo quería arrancarme la piel en un suspiro

y vos jugabas a ser otro cada martes,

jamás lamíamos la boca del destino;

no éramos erróneos,

éramos errantes.

Hasta acá nos trajo, 

como resaca del río,

la marea o el mareo

entre ruidos, gemidos, jadeos

y esos llantos ahogados en la almohada.


No está tan mal esta nostalgia...

Si escribo con el ayer entre los dientes,

es que el pasado es una copa a media asta;

es lo que fue, lo que queda 

y es el duelo;

y ya no temo que dar un sorbo

venga  a llevase mi sed.


¿Recordás cuando todo quemaba?

Había algo seductor en el peligro

que nos sacaba a cualquier hora de la cama,

nos arrastraba por la noche entre adoquines

y florecía lo marchito en otro verso,

como si todo, hasta lo eterno,

fuese posible y fuese nuestro.

Por entonces no buscábamos excusas,

de dos en dos levantábamos el vaso

para brindar a nuestra suerte,

a la pobreza que rascaba las paredes,

a la ventura que negaba su regazo.


Seguíamos al galope, desbocados,

antes que los días naufraguen 

en el silencio del rocío;

tan indómitos éramos frente a la derrota

antes que el tiempo comience

a pasarnos de largo

a trote de caracol.


Y ahora esta quietud de hilos enredados,

esta muertecita de ceniza húmeda,

este miedo a que el movimiento más fino

venga a romper

todo eso

que ya no existe.


Natalia Carrizo. 


No hay comentarios.:

  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.