jueves, 14 de marzo de 2024

Ayer mi gata que está en celo hizo pis por toda la casa. Los maullidos que pega retumban por el departamento. Mis alumnos que están ensayando para el acto cantaban a los gritos mientras la humedad nos derretía, nadie puede discutir la energía que tienen. 

Mi hijo me manda un mensaje, el vecino de abajo, ese que veíamos todos los días bajar con su bici al hombro los dos pisos, se suicidó. Le pregunto si escucho algo, me dice que escucho lo que le parecía una risa que de golpe se convirtió en llanto. 

Nos vamos a merendar, licuado con tostados. No quiero que estemos en el edificio. Me anoticio que se levantó el paro. No hay marcha. Volvemos a casa. Subimos sin mirar, los ojos cerrados. Silencio. Más silencio. Voy a poner la ropa a lavar. 

Los chicos afuera juegan a la pelota, como todos los días. Me asomo por la ventana, el calor es insoportable, pasa la camilla cubierta con bolsas negras. Lo que no quería ver. Rápido me meto y me persigno. Se escuchan los gritos de los familiares insultando a los chicos y grandes que no pueden con la curiosidad. Es lo normal fuera de lo normal. 

Papa rellena para cenar, mucha tarea y estudiar para una prueba. Casi que puedo escuchar el faldón del vestido negro bajando las escaleras como habiendo cumplido su trabajo pero a las apuradas. La llamaron cuando estaba en otro lado.

He perdido el miedo pero no se pierde la sensación. 

Hoy baje para ir a trabajar. Día gris. La puerta del vecino está cerrada.

Todo volvió a la casi normalidad.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.