Reconosco que ùltimamente no estoy de muy buen humor, es que siempre ando apurada para ir a mil lados y siento que no llego a ninguna parte. Se que quizas no te doy el tiempo que necesitas, no por cantidad sino por calidad, se que no tenemos mucho tiempo para hablar, y que ultimamente cuando hablamos parecen màs intrucciones de como hacer eso o armar aquello. Pero esta mañana me di cuenta que en realidad todo eso no importa y que puedo derretirme de cualquier forma o quedarme sin palabras cuando de tu boca escucho una sola frase màgica que hace que de golpe me despierte y sienta mi corazòn late desbocado y mi boca se queme de besos.
Siempre he sido de mirar hacia arriba, para ver el cielo, me gusta ver las ventanas de los ùltimos pisos, me gusta saber que todavia existen fachadas antiguas de los edificios, me gusta ver esas casas de muchos pisos que se resisten a cambiar, se resisten a caer. De golpe me doy cuenta que aparece ante mì un nuevo espacio que no habìa notado, te lo dijo, me decis hace dos meses que estan trabajando, que raro que no te diste cuenta. Pienso, ya no miro para arriba, no lo digo, lo pienso y me contestas: que raro que no mires para arriba, justo vos que me enseñaste a mì a mirar.
2 comentarios:
A veces los que nos enseñan a levantar la mirada esperan que, cuando el cansancio o la rutina les derriba los párpados, nosostros les recordemos como era aquello de alzar los ojos.
No le puedo explicar cuanto me gusto lo que ud. escribio.
Gracias!
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