jueves, 24 de enero de 2008

Un lugar en el mundo.

Son casi las dos de la mañana, toda la casa está en calma, sus habitantes están agotados por el viaje (hace un ratito llegamos, baño y derecho a la cama). El martes tempranito partimos para Capilla del Monte, a quedarnos en la cabañita de siempre, recorrer la calle techada, ver la feria en la plaza, llegar hasta el Uritorco (esta vez lo vimos de más lejos, había incendios...) comer una pizza riquisima en el City Bar, comprar alfajores del Zapato, aguamiel dulce (esta vez también se sumaron a las compras una casita del tiempo, un poncho para mi bebé, un ekeko para la suerte y un libro de duendes...) (Sí...creo en los duendes también).
Llegar a Capilla me acelera el corazón, siento que es mi lugar en todo el mundo (más allá que toda mi familia es de Cruz del Eje y Capilla del Monte, más allá de que ahí pase mi luna de miel.) lo siento como propio y dejarlo me llena de tristeza, no quisiera tener que volver hasta Córdoba aunque amo mi ciudad.
Es que reconozco sus calles, sus casas, es como tener un lazo especial que no quiero romper; se donde quiero vivir dentro de unos años (esta vez fue la primera vez que averiguamos de terrenos, casas y traslados...sabemos que este año ya es imposible y sería un proyecto sumamente loco más adelante, pero está más que bueno como proyecto a futuro cercano...una casita de madera con vista al Uritorco...).
Anoche comparti la vista llena de estrellas y luna (no hay nada más que maravilloso que dormir con la ventana abierta, apretada en un abrazo, mirando el cielo mientras el corazón late agitado por sensaciones...).
Esta mañana abrí la ventana de la cabañita, mis ojos se encargaron de llenarse de cerro, hasta Julio se que no voy a volver y la vista me tiene que durar todo ese tiempo.
En Capilla del Monte encuentro la paz, me lleno de energía, buenos pensamientos, buenas sensaciones, me reencuentro con recuerdos, se hace más espacioso mi corazón y tomo aire puro, fresco, frío...(si todo eso lo produce la presencia de los ovnis, no lo sé, me encantaría ver uno, mi esposo está convencido que el vendedor de turmalinas no era de este planeta, se parecía a un identikit de un libro de seres de otro mundo que forma parte de mi biblioteca...).
Hoy en Capilla del Monte deje parte de mi corazón, se que va a cuidarlo muy bien hasta que vuelva a buscarlo.

Capilla del Monte.





Cerro Uritorco.



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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.