jueves, 17 de julio de 2008

Tengo lo que tengo.

Tengo lo que tengo...

Tengo lo que tengo y nada más, pero no me quejo.
Mis manos, ya habituadas a asir lo mío, no son victimas ni victimarias.
Se cierran lentamente y advierto los puños en que se han convertido.
No agreden, no golpean, pero por las dudas se abren de nuevo, porque en ultima instancia tienen la vocación de acariciar y ése es su oficio primordial.
Las manos lloran tímidos sudores y me conmueven con sus diez dedos de nostalgia.

Tengo lo que tengo y nada más. Oscilo entre la consolación y el desconsuelo.
Me arden las sienes pero no es jaqueca, sino la búsqueda sobria de un precario equilibrio. Asimismo busco remordimientos más o menos cercanos, y no encuentro ninguno.
Digamos que mis pasos no son firmes.
Tendría que probar con pies descalzos, para no engañarme con tacos y con suelas.
Tengo lo que tengo o más bien lo que tuve.
En mi alma hay un pozo y en mi sangre un náufragio.
Mis pensamientos quieren por unanimidad llevarme al sacrificio, pero mis sentimientos pagan el rescate y me evado con ellos.
De nuevo tengo lo que tengo (vaya, la verdad es que me siento otro) pero por fin estoy más seguro y más lejos.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.