jueves, 7 de junio de 2018
Me prendo fuego los dedos y me hago aire con mis pestañas. Fumo el olor a encierro mientras lamo con amargura las lágrimas que ruedan por mis piernas. El pelo hace rulos para sostener el paraguas que se agiganta a cada paso. Sin querer y aunque recién sale de la tintoreria la campera conserva olor a sangre, a viento, a cama barata, café quemado y frío, siempre olor a frío. Me duelen los dedos, el fuego ya llega a mis palmas para encender un cigarillo que nunca voy a fumar. Prender fuego con los dedos, a falta de cerillas mis huesos. A falta de todo la nada, la nada siempre es buena para llenar lo que está rebalzado de vacío.
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S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.
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