Dije: ¿podría indicarme el modo de quitarme esta pena?
Creo que sí, dijo: le recomiendo enfáticamente salir a la calle, dejarse desvestir por la poca brisa, olvidarse de usted mismo y pensar en otros, caminar hacia los lados y solicitarle a alguien -a un amor imposible, por ejemplo, o a un niño que nunca ha visto antes, o un anciano de ojos húmedos- que le cuente una historia que jamás podrá olvidar.
Dije: ¿y cree que así se me quitará esta pena?
No lo sé, respondió. Pero al menos sabrá que su pena se parece mucho a la pena de los demás.
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