El viernes a la salida del cole mientras espero el colectivo para volver a mi casa me siento en el cordón de la vereda a comer mandarinas de préstado con uno de mis alumnos.(Las tomamos de préstado del árbol, que no se inmuto ni se opuso.) (En realidad es verdad también que mi alumno es chiquito y que a pedradas trataba de bajarlas, se rompían, eran incomibles, por lo que yo que no soy muy alta pero si un poquito más que el las saque).
Para el son esas mandarinas un tesoro, despúes de haber comido muy temprano una ración muy pequeñita de arroz, más un vaso de leche, las mandarinas lo llenan todo a la fuerza, es que no hay merienda y la cena es pura incertidumbre.
Entonces lo miro, sus zapatillas son quizas cuatro números más, no tiene medias, el delantal está descocido por demás y la piel está más que curtida por todo.
Si yo no supiera la edad que tiene diria que sus ojos son más viejos que los mios, su cansancio es mucho más extenso, más profundo. Y yo se que es un niño, al que le gusta Ben 10, jugar a la pelota y pelearse a los bollos en los recreos. Me planteo que aunque amo ser maestra, mi frustración es tanta, me divide al medio, el encontrarme con esta realidad que me desgarra por dentro, por fuera, por los costados, por todos lados. ¿Cómo enseñar a soñar? ¿Cómo transmitir la esperanza, la ilusión que todo va a cambiar, que todo va a mejorar? ¿Cómo contarle que no solamente existen árboles de caos, hambre y dolor a los cuales treparse, que están los otros, cerca, verdes solo hay que resistir para llegar a encontrarlos?.
A mi me desgarra y sin embargo me siento con las manos atadas, sin manos o con manos demasiado pequeñas.
Y vuelvo a mirar mi mandarina está llena de esa dulzura: Mañana nos va a leer otra vez el cuento y a la salida comemos más mandarinas? El dueño nunca se enoja y me regala un montón para llevar a mi casa. Dele Seño.
Hoy releí está poesía maravillosa de Dardo Dorronzoro, el poeta- herrero, que fue arrancado de su casa un 25 de junio de 1976 - es increible que faltaban apenas 2 meses para que yo naciera y al leer su poesía siento esta transgresión de tiempos como si fuera ahora mismo escrita, y me conmueve, me moviliza, me llena de sensaciones necesarias...quizás el arrancar mandarinas no sea más que una acción minima pero quizás sea el camino...un camino.
Declaracion jurada.
No es solamente la luna ni el rocio ni la
luz celeste de los pájaros, puede también
ser una alpargata vieja, toda agujereada
toda casi muerta después de andar
fábricas, andamios o duros y calientes
caminos de noviembre.
No, no necesariamente todo lo poético
debe ser bello.
Yo he visto horribles chicos grises como la
tierra comiendo tierra.
Yo los he visto ahí, con sus andrajos y su
mugre, reptando y los he tocado,
acariciando su piel y convertido en
angeles, en mariposas, en viento de septiembre.
Porque todo antes de ser poesía debe pasar
por mi corazón, darlo vuelta con el grito para
arriba, colocarlo por el alba, cara al cielo.
Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos
por mi respiración, por el corazón de mi sangre.
Pues yo no soy un hacedor de versos bonitos.
Yo soy poeta que ama a los que no tienen
amor ni pan, a los que se van sin haber
llegado, a los que a veces sonrien
a los que a veces sueñan, a los que a
veces les crece un fusil en las manos y salen
a morir por la vida.
En suma: yo he sido, soy y seré un poeta
revolucionario.
Sobre mi tumba verán florecer un puño.
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