lunes, 23 de noviembre de 2020

 Y te soñé.


Supongo que pasaría algún día, o al menos yo lo esperaba. Dicen que los sueños son recuerdos, o deseos ocultos en el inconsciente. Ya te había recordado antes, recostada sobre mi cama, desnuda y envuelta en sábanas durmiendo plácidamente; yo podía mirarte todo el día, toda la noche hasta verte despertar, hasta que estiraras tus músculos y me dirigieras tu primer mirada del día.


—Buenos días, mi amor —era lo que me gustaba escuchar durante las mañanas— ¿preparamos café?


Así funcionábamos, juntos, uno a la altura del otro.


Esto no fue un recuerdo, al menos este sueño no lo era. Y tampoco era un deseo, por que ya te había tenido mía, y ya me había entregado a ti. Ya habíamos sido uno, siendo juntos.


Te soñé, quizá más como nostalgia de lo que una vez creí era amor. ¿De verdad me amaste? No lo sé. Y después de lo que sucédió, no sé qué era lo que sentías por mi.


Tengo hambre, sueño y ansiedad.


La vida siguió, ojalá algún día te encuentre de frente para poder decirte cuánto te amé y reclamarte que echaste a perder mi vida. O tal vez no te diga nada y sólo te sonría, que más que sonrisa sería una mueca de dolor, como cuando el médico me dijo que tenía poco tiempo de vida. Supongo que pasaría algún día.

No hay comentarios.:

  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.