lunes, 9 de noviembre de 2020

Tengo miedo de nunca más volver a sentir. Siento en el medio del pecho el vacío de haber dejado calle abajo y atropellado el corazón. Tirada como estaba, me levanté, sacudí el polvo de mis rodillas y seguí. El principio de la supervivencia es dejar atrás lo que no tiene salvación. Mi corazón estaba en esa condición. Ya no siento, no vibró, no me estremezco, no sueño. Vacía de sensaciones y sentido. De vez en cuando siento perfumes, sensaciones en la piel. Pertenecen a antaño y enseguida me escudo. Quizás nunca más me permita amar, quizás nunca más me permita sentir. No tiene sentido el sinsentido. Lejos. Lejos quedó el gusto de los besos, lejos el sabor salado de la piel y las lágrimas. Lejos, tan lejos donde no puedan encontrarme. Ya no vale la pena. Nada. En realidad nunca tuvo valor. Más que ese, el de un correambulancia esperando ganar. Esperando entre la carroña muerta. Eso. Nada más.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.