martes, 28 de agosto de 2007

Cocinar.

El primer regalo que me hizo mi suegra como legado familiar fue el libro de cocina: Nuevo Manual de Cocina y Repostería Integral por supuesto que lo agradecí (nunca se desprecia un libro) pero fue a ocupar el último estante, de esos que nunca se usan y se alcanzan.
Como un super regalo mi esposo me regala un curso corto de cocina ante mi sorpresa y la sonrisa iluminada de el.
Que odio cocinar se sabe, que no soporto tocar cadáveres de vaca, pollo o pescado también, que se poco de proporciones o porciones, que se poco de elementos de cocina, que no entiendo la gente que mira el gourmet y atiende a los cocineros e incluso anota recetas, o que podría llegar a comprar libros de recetas existiendo La Metamorfosis de Kafka o Crimen y Castigo de Dostoievski, es sabido conocido que entre las peores cargas que hay es la cocina, la acción de cocinar, pero que me regalen un curso de cocina ya toca mi amor propio, tampoco quiere decir que no se cocinar,que soy una inutilisima en el tema, cuando lo hago con ganas, le pongo onda se lo buena cocinera que puedo llegar a ser.
Con toda mi dignidad, mi orgullo herido, mi amor propio lastimado, busco todos los elementos para prepararme a realizar la magia más difícil : tortilla de papas y cebollas (ambas, que salgan redonditas, enteritas), costeletas y huevos fritos ( en el punto justo) y como postre un borrachito (vainillas mojadas en vino, postre de dulce de leche y crema).
Después de una ardua tarea pero poniendo toda la voluntad, debo decir que debo haber cocinado demasiado bien, desafiandome a mi misma porque de lo dicho y enumerado no quedo nada.
Los comensales bañados, comidos y ahora dormidos descansan.
Mientras escribo viendo un documental de mi amado Cortázar por el canal Encuentro, aquel libro de cocina que me regalaron me da una mirada desde el último estante todavía, el curso de cocina pago me espera sobre la mesa y yo sin embargo sigo pensando si hay forma de cambiarlo, trocarlo para que me devuelvan la plata, la semana que viene empieza un curso de Ciencias Sociales que no quiero perderme y en la librería en la que me pierdo varios libros quieren ocupar mis manos, incluso un curso de catadora sería más desafiante pero un curso de cocina me niego, desapruebo y me resisto terminantemente.


PD: Siempre me gusto el uso que le dan a la cocina y a los alimentos en esta película, único y de ficción es cierto.


9 Semanas y media.

1 comentario:

saltamontes dijo...

Jajaja, ni hablar! Para qué aprender a cocinar si existen otras tantas cosas mucho más interesantes que aprender...
Bahhh no sé si algún tomaré algún curso o simplemente tendré que aprender a los golpes, por el momento no tengo comensales a los que satisfacer y el tema no me preocupa, aunque mis amigos siempre me dicen que voy por mal camino... Allá ellos!
Te dejo un beso, me divertí al leerte!

  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.