Tengo la idea de tener el corazón demasiado roto y sin embargo exponerme a esperar a las dos de la mañana bajo el rocío, la luna, el frío en una esquina abrigada con guantes, bufando y mi tapado gris. Tengo la idea de que la espera era demasiado larga y ni siquiera eso me importaba.
Tengo la idea que la gente pasaba y pasaba, que el celular se llenaba de mensajes que respondía pero ni siquiera me interesaban. Recuerdo, como algo muy táctil que solo en mi interior había calor, ese calor que me provocaba el estar tan abrigada.
Tengo la idea que la gente pasaba y pasaba, que el celular se llenaba de mensajes que respondía pero ni siquiera me interesaban. Recuerdo, como algo muy táctil que solo en mi interior había calor, ese calor que me provocaba el estar tan abrigada.
Sentí un bocinazo, vi las manos que me llamaban lejos de donde me habían dicho que iba a estar estacionado el auto, recuerdo que el viaje fue largo, por barrios que ni siquiera sabia que existían, por calles que nunca había caminado, me abrazabas fuerte, apretado, el calor se hizo más intenso, adentro de mi tapado gris.
No recuerdo bien el primer beso que nos dimos, pero si, que en tus ojos dilatados y tu saliva caliente me dijiste que te habías mareado, era tal la intensidad que un terremoto movió mi silla y no dije nada para no asustarte.
No recuerdo ni siquiera donde fuimos, no recuerdo las caras, ni las sonrisas, no recuerdo como baje del auto, ni la hora, ni cuando entre a una casa, no recuerdo que comimos, si, que no me gustaba, no como pollo, nunca lo he hecho, no recuerdo las conversaciones, si tibiamente la calidez de las personas y la curiosidad por saber quien era, como pensaba, o si realmente existía.
Recuerdo mis cachetes colorados de vergüenza pero al rato se me pasaron, el calor volvía mi interior, aunque ya no tenia el tapado gris que me miraba desde un perchero roto.
Recuerdo tu afán de mostrar la pertenencia de mi persona, la verdad no me importaba, rogaba que quisieras adueñarte de esta persona que con el corazón vació, abandonada como esos perritos de la peatonal rogaba que te adueñaras, que quisieras llevarme a tu casa, darme de comer, abrigarme, siempre tengo tanto frió, las manos heladas.
Tengo la idea de que eras gigante, mucho más que cualquier persona que conociera, tu cuerpo era un misterio continuo para mi, tenia hambre pero siempre insististe en que había tiempo, hay tiempo, yo se perfectamente que el tiempo no existe cuando se ha perdido todo en segundos, la urgencia siempre me ha abarcado, no puedo esperar.
Necesitaba tus brazos, tu boca, tu abrazo, te veía tan poco siempre, que verte era un regalo, era como esos chicos mezquinos que nunca le prestan nada, y cuando le prestan no prestan tampoco, apenas dejan rozar con las manos las cosas.
Eras mi salvación quizás, ese salvavidas que nunca llego a Jack cuando cayo del Titanic.
Me perdía en tus manos, en tus ideas, en lo que decías, en tus escritos, en el pan que prometiste darme para alimentarme; yo, yo que siempre vivía con hambre, con dolor de panza, yo que ya no sentía nada, vos me hiciste arder, con mi tapado o sin el.
No recuerdo el durante, si que pude ver como tus ojos empezaron a brillar, como las palabras dejaban de tener sentido para ser meros balbuceos, como empezaste a arder a pesar del frió y de estar en remera, como te volvías cada vez mas gigante y lejano, como te transformabas en eso que no conocía, es que en realidad ni siquiera sabia que eras, pero vos si sabias quien era yo y perfectamente, como atravesada, como una bola de cristal.
Nunca recuerdo bien como salimos, cuando me abrigue, cuando recorrí de vuelta en taxi todas esas calles que ni siquiera conocía, como cargue con vos mientras dabas besos al aire, como sostuve una conversación incongruente, como insistías en el te amo multiplicado y mi corazón sabia que era lo mas cierto que jamas había escuchado, porque si me amabas con esa devoción que nunca supe retribuir a nadie, cuando el frió cala los huesos y adormece el corazón no hay muchas formas de prenderlo otra vez.
Nunca recuerdo cuando bajamos del taxi, cuando la pelea se transformo en incongruentes revueltas, cuando dijiste andate, cuando me hice más grande que vos y te tire de la manga de la campera, nunca recuerdo cuando caminamos tres cuadras mientras pedías hablamos mañana, mientras me pellizcaba para saber si era un mal sueños, nunca recuerdo cuando vomitabas mientras decías te amo, ni cuando te bajaste el pantalón para hacer mala puntería contra el auto mientras puteabas.
Nunca recuerdo cuando ajuste mi tapado, te mire por ultima vez, ahí, mínimo, chiquito, mientras paraba un taxi mirando un a luna grandota y blanca. Nunca entendí como entre a mi casa, sin derramar ninguna lagrima, como atravesé toda la cocina sin sacarme nada aunque estaba transpirada, como me recosté en mi cama, como mire el celular sin mensajes, sin fuerza para escribir nada.
Con el tiempo veo que si no fuera por todo lo que no recuerdo casi podría darte las gracias por creer que podrías haberme encendido como una llama, casi como una llama.
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