domingo, 12 de enero de 2020

No tenemos un lenguaje para los finales...

No tenemos un lenguaje para los finales,
 para la caída del amor,
 para los concentrados laberintos de la agonía,
 para el amordazado escándalo
 de los hundimientos irrevocables.
 ¿Cómo decirle a quien nos abandona
 o a quien abandonamos
 que agregar otra ausencia a la ausencia
 es ahogar todos los nombres
 y levantar un muro
 alrededor de cada imagen.
 ¿Cómo hacer señas a quien muere,
 cuando todos los gestos se han secado,
 las distancias se confunden en un caos imprevisto,
 las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
 y el tallo del dolor
 se quiebra como lanzadera
 de un telar descompuesto.
 ¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
 cuando nada, cuando nadie ya habla,
 cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
 de un mundo que ha perdido
 su memoria de un mundo.
 Quizá un lenguaje para los finales
 exija la total abolición de los otros lenguajes,
 la imperturbable síntesis
 de las tierras arrasadas.
 O tal vez crear un habla de intersticios,
 que reúna los mínimos espacios
 entreverados entre el silencio y la palabra
 y las ignotas partículas sin codicia.

Roberto Juarroz.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.