martes, 28 de enero de 2020

Y no sabés si se te subió la tensión o es un ataque al hígado, pero te sentís tan mal que estás convencido de que tu cabeza va a explotar o estallará contra la pared más próxima. Querés que se te pase el dolor destruyendo la fuente del dolor y equivocás tanto el origen como la solución. Mientras tanto no te decidís ni a morir ni a salir adelante. Caminás la noche con un punzón en el entendimiento y náuseas en el ánimo. Las horas pasan y ya tomaste todas las medidas que estaban en tu cajón de los remedios, pero el síndrome aguanta. Ya estás asustado. Llamarás al médico y la sola posibilidad de estar grave recupera para tu alma un poco de la calma perdida en el transcurso. Vas a vomitar el mal. Un día. Porque sabés que lo que sucede es ella que no está.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.