Tuve que poner el agua en la pava de nuevo. Unos segundos nomás pero completamente necesarios. Nadie merece un mate a medio calentar un miércoles a la mañana. Ni yo.
Un mate cebado por mí para mí tiene que ser perfecto. Sobre todo en vacaciones. Merezco un mate cebado a la temperatura ideal para enfrentar el día y la vida.
Algunos días al mate lo tomo con vos. Sentados, uno al lado del otro o enfrentados, hablando de cosas que no van a cambiar el mundo pero van a mejorar el nuestro.
El amor sana, eso lo supimos desde el primer momento, se nota en la piel, los ojos, la forma en que se va modificando nuestra cara.
La manera en que miramos el mundo y nos relacionamos.
Las palabras que decimos, que pensamos, que escribimos.
La energía que transformamos por donde pasamos.
El amor sana.
El propio. El que sentimos por nosotros cuando estamos solos.
El de otros. El que compartimos cuando estamos juntos, cerca o lejos.
Todos merecemos un amor
y
un
mate
amargo.
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