sábado, 21 de diciembre de 2019

Derrapé

Estaba tan enojada... y no precisamente con vos, enojada con el sentimiento, enojada por extrañarte, por verte así, por sentirte así. Enojada conmigo por débil, enojada con todos por percibirlo. Enojada con el viento que se acomodaba en tu boca y me desordenaba la cabeza. Un rompecabezas de mil piezas hecho pedazos, irreparable, irreversible. Me destrozaste todo lo que me cubría, todo lo que me protegía, todo lo que pensé que no tenía y que no quería.

Derrapé. La sangre me quemaba las tripas, la cara se enrojecía, el corazón simulaba morir. El corazón... actuaba mi fiebre y actuaba mis miedos. Y ahí estábamos... yo con mi enojo y vos con tu sonrisa. Esa maldita sonrisa que nadie más me dejó ver... esa maldita sonrisa que me llevó al caos, al desastre, al fin de los fines, o al principio de lo irremediable.

Me mirabas como invitándome a un abrazo que se había esperado durante siglos... feliz, hermoso... y también feliz... y también hermoso. Me planté frente a vos para pararte el carro, con la mirada iracunda y el corazón excitado. Se levantó tu ceja izquierda anunciando tu próximo "no te entiendo", se desfiguró tu sonrisa, se desarmó en ese espacio tan enorme y tan nuestro... y me desarmé yo con ella y lloré y reí y me estreĺlé con tu boca como suicidándome en tu amor perpetuo. Como muriéndome envenenada por tu cuerpo. Después me tomé el palo, con la boca húmeda, con tu perplejidad y mi apego, con tu perpetua y tu veneno. Derrapé.

El amor no muere, nunca, y desear que muera un amor es como pedirle a la muerte que mate a la muerte. Derrapé porque me vi falleciendo y te vi en ese momento... al lado mío, con mi corazón entre tus manos.

Maru Leone


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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.