martes, 31 de diciembre de 2019

«En este silencio de los circuitos te estoy hablando. Sé bien que, cuando por fin nuestras voces consigan encontrarse en el hilo,
nos diremos frases genéricas e insulsas;
no te estoy llamando para decirte algo,
ni porque crea que tienes algo que decirme.
Nos telefoneamos porque sólo en este llamarnos a larga distancia, en este
buscarnos a tientas a través de cables de cobre sepultos, relés enredados, remolino de escobillas de selectores atascados, en este sondeo del silencio y en la espera del retorno de un eco, se perpetúa la primera llamada desde la lejanía, el grito de cuando la primera gran resquebrajadura de la deriva de los continentes se abrió bajo los pies de una pareja de seres humanos y los abismos del océano se hendieron para separarlos mientras uno en una orilla y el otro en la otra, arrastrados y alejándose velozmente, trataban con su grito de tender un puente sonoro que siguiera manteniéndolos juntos, debilitándose cada vez más hasta que el estruendo de las olas lo arrollase sin esperanza.

Desde entonces la distancia es la urdimbre que sostiene la trama de todas las historias de amor, así como de todas las relaciones entre los vivos, la distancia que los pájaros tratan de colmar lanzando al aire de la mañana las finas arcadas de sus gorjeos, como nosotros lanzando en las nervaduras de la tierra ramalazos de impulsos eléctricos traducibles en órdenes para los sistemas de relés:
única manera que les queda a los seres humanos de saber que se están llamando por necesidad de llamarse y punto».

Italo Calvino .

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.