sábado, 7 de diciembre de 2019

Quizás sea hora, y estemos a tiempo, de apagar los celulares y aprender a nadar. Somos islas que deben conectarse con amor. Sin género, sin idioma, solo el que nos reconcilia con la condición de hombres, de humanos. Un gesto, una palabra, un leve movimiento hacia los otros, y la aguja se mueve. Al final, de eso se trata. De que el amor sea más fuerte que el miedo. Porque es el miedo el que nos encierra, nos cerca, nos aísla. Miedo a no tener, miedo por tener mucho y estar esclavo para cuidar, temor a sufrir, a perder, a morir, a la incertidumbre. Somos inciertos como incierta es la vida. Mi única libertad es recibir lo que llega de la manera más tranquila, y más intensa que pueda. La pasión que le imprima a mis días, le darán sentido, y me pondrán en la misma vibración que el otro. En este diciembre tan distinto y tan parecido a otros, , donde los villancicos repetirán las estrofas que escuchamos desde nuestra niñez son solo el decorado. Es mucho más profundo lo que se nos pide: La hermandad con el más cercano, y con el que está muy lejos. La verdadera revolución viene desde adentro de los corazones.

Cristina Del Valle Loza.

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  S O B R E V I V I R É Entre tantos fantasmas que tengo sobre mi, en mi, me sostienen para no caer de rodillas y aflojar.